El falsario Obispo Pelayo y sus dos desastrosos códices copiados por Ambrosio Morales
Ya sabíamos que el Obispo Pelayo ha sido un verdadero desastre para la historiografía española, con nuestro artículo sobre un falso testamento de Alfonso II firmado por 47 firmas todas de su mano, para atribuirse tierras en un pleito con la reina Urraca. Véase nuestro artículo «El testamento de Alfonso II es una creación literaria del Obispo Pelayo de Oviedo para engañar a Doña Urraca». Este testamento ha sido utilizado para engrandecer todas las hagiografías de Pelayo, con el argumento que gracias a este preciado documento, teníamos una prueba de la relevancia de Don Pelayo en la salvación del reino cristiano, fuera de la Crónica de Alfonso III. Hoy sabemos que ese códice es una falsificación.
Pues bien, en el siglo XII, el obispo Pelayo de Oviedo (1101-1153), siguiendo su trayectoria de falsario, copió la Crónica de Alfonso III, escrita tres siglos antes, y por el camino le fue metiendo frases de su cosecha: dónde estaba enterrado cada rey, qué parentesco exacto tenía uno con otro, qué iglesias se consagraron y con cuántos obispos. Añadidos pequeños, casi invisibles, casi todos favorables a Oviedo. Pero Pelayo no se detuvo ahí. Hizo también una segunda versión, mucho más ambiciosa: una gran colección de crónicas desde el principio del mundo hasta su propia época, donde la crónica de Alfonso III va engordada con episodios enteros como la llegada del Arca Santa desde Jerusalén, el reparto de las diócesis españolas atribuido al rey Wamba, la mujer y los hijos de Ordoño I. Ya no son frases sueltas: son capítulos enteros.
De modo que hay dos códices del obispo Pelayo, que son manipulaciones, una ligera y otra pesada. Y el azar quiso que cada una llegue hasta nosotros por un camino distinto. La versión ligera estaba en un códice de la catedral de Oviedo. En 1557 el cabildo se lo prestó a un obispo, nunca volvió, y acabó perdiéndose para siempre. La versión pesada estaba en otro manuscrito: un precioso volumen de pergamino con miniaturas, del siglo XIII, que en el XVI se guardaba en el pueblo de Batres, en la biblioteca que Garcilaso de la Vega había heredado de su abuelo Hernán Pérez de Guzmán. Ese sí sobrevivió: es hoy el ms. 1513 de la Biblioteca Nacional.
Ambrosio de Morales, descubrió esas dos versiones en su viaje a Asturias de 1572 que nos relató en su obra : «Viage de Ambrosio de Morales por orden del rey D. Phelipe II a los reynos de León, y Galicia, y Principado de Asturias…«. Antes de que el Códice «ligero» de Oviedo desapareciera, lo mandó copiar. Y mandó copiar también el de Batres. Metió las dos copias en el mismo volumen, que es hoy el ms. 1346 de la Biblioteca Nacional: la versión ligera al principio, la pesada más adelante. Ese volumen es, por tanto, un objeto raro y valioso: contiene el único rastro de un manuscrito muerto y la copia de otro vivo, uno al lado del otro. Sabemos que copió el de Batres porque él mismo lo anotó «las hice trasladar de un libro que tiene en Batres Garcilasso de la Vega», y porque las miniaturas que describe coinciden una por una con las del ms. 1513.
Morales no falseó casi nada: copió con cuidado, anotó variantes y dejó constancia de lo que no se podía leer. Asi todo, García Villada nos advierte que, en su manuscrito había raspaduras y correcciones atribuibles en parte al propio Morales. El problema vino después. Como el códice de Oviedo ya no existía, su copia se convirtió en el texto de referencia, y de esa rama salieron todas las ediciones impresas de los siglos XVII y XVIII. Resultado: durante trescientos años los historiadores leyeron a Pelayo creyendo que leían a Alfonso III. En realidad, leían un manuscrito escrito por un falsario pero firmado por un historiador reconocido. Ahora veremos cuales son las interpolaciones de ambas versiones.
A. Interpolaciones de la primera versión del Obispo Pelayo
1. Esposas y lugares de enterramiento reales
El manuscrito perdido en Oviedo que Morales mandó transcribir es descrito por García Villada (Crónica de Alfonso III, 1918) con la sigla O (como ovetense). Describe esta primera cronica interpolada como un códice que comienza con Pelagius etsi indignus episcopus propria manu scripsit haec genealogia, y del que Morales decía que era «vetustísimo». El obispo Pelayo lo hizo en el scriptorium de la catedral de Oviedo en la primera mitad del siglo XII, en pergamino y letra visigótica. No era una obra original: el Obispo Pelayo lo construyó sobre una colección de crónicas antiguas que figuraban en otro códice ovetense, hoy también perdido (el llamado Castellá), al cual fue añadiendo las diseminadas modificaciones pro-ovetenses siguientes.
El Obispo Pelayo se «inventa» todas las noticias de sepultura de los reyes. Es el bloque más voluminoso. Se indica dónde fueron enterrados los siguientes reyes con una avalancha de datos nuevos, 400 años después de los hechos. De haber sido verdadedara esta información, hubiese espectacular :
- Égica : enterrado en Toledo
- Witiza : enterrado en Toledo
- Pelayo y su mujer Gaudiosa : iglesia de Santa Eulalia de Velanio (Abamia), en territorio de Cangas
- Fáfila y su mujer Froiliuba : iglesia de Santa Cruz, en territorio de Cangas, edificada por él mismo.
- Alfonso I y su mujer Ermesinda : monasterio de Santa María, en territorio de Cangas
- Fruela y su mujer Munia : Oviedo
- Aurelio : iglesia de San Martín, en el valle de Langreo
- Silo y su mujer Adosinda : iglesia de San Juan apóstol y evangelista, en Pravia
- Mauregato : iglesia de San Juan apóstol, en Pravia
La interpolación la mas grave aqui es el «descubrimiento» del nombre de la mujer de Pelayo (Gaudiosa) y del lugar de enterramiento de los reyes (Santa Eulalia de Abamia en Asturias), que ha extraviado en la novelización generaciones de historiadores, y de los más famosos. En el estudio de Sergio Ríos González, “Excavaciones arqueológicas en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia (Cangas de Onís). 2005-2006”, publicado en el volumen Excavaciones Arqueológicas en Asturias 2003-2006 (editado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, pp. 201), desmiente Abamia como posible lugar de enterramiento de Pelayo (en 737). Las campañas arqueológicas fueron realizadas en 2005-2006 y comprendieron: excavación de la necrópolis situada al norte de la iglesia; sondeos en el interior y exterior del edificio; excavación en el sector meridional; estudio y desmontaje de los llamados cenotafios de Pelayo y Gaudiosa. En la necrópolis norte se documentaron 58 enterramientos, tanto en fosas como en tumbas de lajas. En el sector sur aparecieron otros 44 enterramientos.
El estudio concluye que la ocupación funeraria cristiana del entorno de Santa Eulalia de Abamia es, como mínimo, del siglo X. Una datación radiocarbónica situó el enterramiento más antiguo analizado aproximadamente en el año 970. Nada anterior. O sea, un «invento» màs del Obispo Pelayo en su corrupta Crónica Ovetense, y blanqueado por Morales, que, en vez de ir a Asturias en 1572, hubiese sido más inspirado de visitar Liébana para descubrir una historia del entierro de Pelayo mucho más creíble. Nadie sabe dónde realmente está enterrado ni Pelayo, ni tampoco Alfonso II, porque si Abamia es construida en 970, tampoco estaba cuando Alfonso fue refugiado en 802 (y salvado por teudano) en el monasterio de Abamia. El único monasterio cuyo nombre nos hace pensar en el «Monasterio de Abelanie» acreditado en la Crónica Albeldense es el Monasterio de San Salvador de Villeña en Cosgaya (Liébana) abundamente citado en el Cartulario de Santo Toribio de Liébana desde 796 y durante todo el siglo IX.
Las sepulturas regias interesaban especialmente a Morales en su misión a Asturias, porque encajaban con lo que iba a ver en el Panteón de la catedral ovetense. Sin embargo, la realidad dictada por datos científicos como la genealogía de los reyes de Asturias, cuya cuna del linaje es Liébana en Cantabria, y la persistencia de Liébana como centro de poder cristiano durante todo el siglo VIII, nos obliga a reconsiderar todos estos lugares de enterramiento antiguamente definidos en las actuales Asturias. Cosgaya fue la capital de aquel reino de Liébana que fue un refugio para todos los primeros reyes. Aquí proponemos esta versión actualizada de los posibles lugares de entrramiento de los primeros reyes, que pensamos más cerca de la realidad histórica:
- Pelayo y su mujer Gaudiosa : San Salvador de Villenia (o Beleña) en Cosgaya puede ser el «Monasterio de Abelanie» de la Albeldense. Obras arqueológicas se estaban desarollado en las ruinas de este Monasterio en 2026.
- Fáfila y su mujer Froiliuba : iglesia de Santa Cruz, en territorio de Cangas, una post datación realizada en tiempos de Alfonso III para legitimar el reino de Don Pelayo, atribuyendole una linea dinástica dudosa.
- Alfonso I y su mujer Ermesinda : monasterio de Santa María, en territorio de Cangas? O sería la Iglesia de Santa Maria en Cosgaya. No existe informacion en las crónicas de Alfonso III.
- Fruela y su mujer Munia : Oviedo? Solo sabemos que fundó la Iglesia de San Vicente alli, pero visto la situación de fragilidad del reino que resultarà mermado después de su muerte, lo más lógico es que se hiciera su enterramiento en un refugio como Liébana.
- Aurelio : iglesia de San Martín, en el valle de Langreo. Existe una ermita de advocación a Saint-Martin des Tours. El pueblo es equidistante de Cangas y de Pravia, la información no figura en ninguna de las crónicas «canónicas».
- Silo y su mujer Adosinda : iglesia de San Juan apóstol y evangelista, en Pravia. Muy posible pero sin pruebas.
- Mauregato : iglesia de San Juan apóstol, en Pravia. Improbable. La estrechez de sus lazos con Beato de Liébana le hace más probablemente residente de Liébana.
2. Otras Interpolaciones importantes
Son frases sueltas que han despistado a los historiadores hasta hoy:
- Salmanticensi episcopo, en el saludo inicial
- Adefonsus qui dicitur Magnus
- Consobrinus eius in primo gradu
- Consecrari a septem episcopis fecit
Salmanticensi episcopo: Sobre la primera frase, conviene detenerse, porque es el que más consecuencias ha tenido: el códice de Morales lee Adefonsus rex castus Sebastiano nostro salmanticensi episcopo salutem, y García Villada demuestra que las dos palabras son interpoladas por un argumento simple : ningún otro manuscrito las contiene. De ahí deduce que la noticia del obispado salmantino de Sebastián no tiene más fundamento que el prólogo pelagiano. Creó de la nada un obispo de Salamanca llamado Sebastián, del que Flórez sacó el título ad Sebastianum, y sobre el que Fita, García Villada, Blázquez y Sánchez-Albornoz construyeron identificaciones sucesivas con el obispo de Orense, con Dulcidio de Toledo, que ocuparon un siglo de bibliografía. Un error que ha conducido generaciones de historiadores a considerar al Obispo de Salamanca como el autor de la redacción primitiva de la Crónica de Alfonso III.
Adefonsus qui dicitur Magnus : El apodo de «El Magno» también ha podido conducir a una sobrevaloración de la figura de Alfonso III, cuando en realidad es un personaje que se apropria las conquistas y historia ajenas, para «consolidar sur reino», sin consideración por los que le ayudaron a construirlo, mas bien acabando con ellos de manera engañosa. Mas de una vez casi se echar a perder la Reconquista, comprometiendo por falta de administración de estos territorios conquistados, por culpa de las cabezas de sus parientes conquistadores que había hecho rodar. Todo lo contrario de un personaje «magnanime» o grande por su ética.
Consobrinus eius in primo gradu El texto primitivo dice, al morir Fruela I : Post Froilanis interitum consobrinus eius Aurelius, filius Froilanis fratris Adefonsi, successit in regnum. El obispo interpolador añade la precisión del grado. Dos glosadores, dos términos distintos para el mismo parentesco: señal de que nadie estaba copiando un dato, sino resolviendo una duda. Convierte una vaguedad en un dato. Consobrinus en latín altomedieval es elástico: primo carnal, primo segundo, pariente sin más, a veces sobrino. El cronista del siglo IX dijo algo impreciso, y la imprecisión era informativa. In primo gradu elimina el margen y entrega al historiador moderno lo que parece una filiación exacta.
Et consecrari a septem episcopis fecit, es literalmente propaganda institucional ovetense por parte del Obispo. La construcción de la catedral San Salvador, respalda las pretensiones metropolitanas de Oviedo; cumple la misma función, en la tradición salmantina, Rex iste episcopatum in Ovetum transtulit a Lucensi civitate. Quien las tome por texto del siglo IX creerá que la primacía ovetense está documentada dos siglos antes de que existiera el pleito.
B. Interpolaciones de la segunda versión del Obispo Pelayo
Esta segnda version mas ambiciosa y mas pesada ha llegado hasta nosotros a traves la crónica de Batres, que perteneció a Hernán Pérez de Guzmán y que en su tiempo tenía Garcilaso de la Vega, que hoy tiene la referencia BN ms. 1513. La copia empieza en el fol. 133v del manuscrito 1346, y es la que Sandoval imprimió en 1615, fragmentaria y corregida a su (mal) gusto. Esta segunda version añade más datos biográficos cuyo origen preciso se desconoce:
- Recesvinto : un largo cómputo de su muerte y reinado — fecha, feria, era, año de la encarnación, ciclo decenovenal, años y meses de reinado propio y en corregencia con su padre.
- Wamba : la toma del gobierno, con la unción diferida hasta el XIII de las calendas de octubre; y, a continuación, la llamada Hitación de Wamba, la división de las diócesis españolas atribuida a un concilio.
- Pelayo : tras sibique Pelagium… principem elegerunt se inserta el relato de la traslación del Arca Santa desde Jerusalén a Oviedo (Hec scriptura docet qualiter archa cum multorum pignoribus sanctorum… ab Iherusalem sit translata).
- Fruela : Rex iste episcopatum in Ovetum transtulit a Lucensi civitate : el traslado de la sede episcopal de Lugo a Oviedo. Esta ya estaba en el ms. Z.
- Silo : la expedición a Mérida para rescatar el cuerpo de Santa Eulalia y su traslado a Pravia.
- Vermudo : el resto de la historia de las reliquias.
- Ordoño I : la mujer del rey y su descendencia : uxorem quoque nomine Munniam donnam habuit, con los hijos Alfonso, Vermudo, Nuño, Odoario, Froilán y Aragonta.
Todas estas citas son consideradas hoy como «inventos» del Obispo Pelayo. Morales copió aquel texto como si fuera la crónica misma de Alfonso III, así es como los historiadores nos citan información inventada por Pelayo como ciencia cierta, como por ejemplo Gaudiosa la mujer de Pelayo. ¿Como alguien, en su sano juicio, puede imaginar que un historiador pueda milagrosamente y fortuitamente encontrar tan abundante y novedosa información sobre los reyes 8 siglos después? Pues los amantes de la ciencia tenemos que rotundamente desmantelar estas interpolaciones para poder contemplar los hechos con más claridad.
En 1918 Zacarías García Villada comparó a todos los testigos, identificó una por una esas frases y las sacó del texto. Valoró el códice Ovetense como testigo histórico y lo degradó como testigo textual hasta descartar por completo en su reconstrucción de la redacción primitiva de la Crónica de Alfonso III. Asi todo los daños colaterales son hasta hoy considerables. ¿Quién no ha oído algún conferenciante citando a Gaudiosa como si de un personaje histórico se tratara, o Abamia del lugar de entierro de Don Pelayo?
Lamentablemente, el texto que ambrosio Morales copió del códice ovetense pasó a la España Sagrada de Flórez (tomo XIII, 1756), que es quien lo bautizó erroneamente como ad Sebastianum. Esa es la edición manejable que tuvo a mano el siglo XIX entero: la copia de Palomares del códice de Roda (1780) quedó dormida en la Real Academia de la Historia y no se publicó hasta Barrau-Dihigo (Revue Hispanique, 1910) y García Villada (1918). Es decir: entre 1756 y 1910 quien escribía sobre Pelayo leía a Morales, aunque citara a Flórez.
Los historiadores del XIX siguen en esa línea corrupta : Modesto Lafuente y su Historia general de España (desde 1850) es el caso más claro y más influyente de la vision asturianista de Ambrosio Morales : es quien fija sobre los textos de las viejas crónicas asturianas, los mitos de Pelayo y de Covadonga que triunfó en los siglos XIX y XX, y quien asume plenamente el término Reconquista con el sentido que ha llegado hasta hoy. A partir de 1910-1918 la situación se invierte y el referente pasa a ser la Sebastiense primero con Zacarias García Villada (1918) y la Rotense pero con muchas exepciones. Gómez-Moreno, en Las primeras crónicas de la Reconquista (1932), marca el giro; Barrau-Dihigo lo completa con sus Recherches sur l’histoire politique du royaume asturien (1921); Sánchez-Albornoz sigue ese camino, y Menéndez Pidal consolida la lectura predominante de la Rotense. Desde 1985, el referente es la edición de Gil, Moralejo y Ruiz de la Peña, Crónicas asturianas, pero todavia los errores de interpretación en el siglo XX subsisten en ciertos historiadores, que todavia tienen a Morales por referente principal. Yeyo Balbás en su obra «Hambre, Espada y Cautiverio» (2022), todavia cita Abamia como lugar de nacimiento de Pelayo.: «El primer «rey» de Asturias falleció en el año 737 y, según la crónica a Sebastián, fue sepultado en la iglesia de Santa Eulalia de Velanio, en la localidad de Abamia, no muy lejos de Cangas.» Se equivoca de crónica: la información de Abelanie proviene de la Crónica Albeldense, Velanio es la manera que Morales (que copia el obispo Pelayo) interpreta «Abelanie» consultado la versión de Morales. Hasta el siglo XX, los historiadores pensaban que la versión de Morales era la Sebastienense como ya explicamos. Lo que ha nutrido toda una literatura devocional y conmemorativa de Covadonga, muy activa en el centenario de 1918, y de exaltación regionalista de Asturias que sigue hasta hoy.
