«Covadonga, la Batalla que nunca fue». Entrevista a Jose Luis Corral

«Covadonga, la Batalla que nunca fue». Entrevista a Jose Luis Corral
Compártelo:

Entrevista a José Luis Corral el 21/03/25

Si hubiese una sola razón por la que no crees en la batalla de Covadonga, ¿cuál sería?

Bueno, la más evidente es que en la documentación, las citas a la batalla de Covadonga son muy tardías. Son de finales del siglo IX para las fuentes cristianas y por otro lado, las fuentes islámicas nunca citan la batalla de Covadonga. Son referencias más que suficientes para entender que la batalla de Covadonga nunca existió y que es un invento historiográfico de la época de Alfonso III.

Vale, pero si asumes eso, tienes que demostrar que todas las menciones a Pelayo y a sus gestas heroicas anteriores al Siglo IX son falsas. ¿Estás dispuesto a asumir esa dificultad? Porque va a ser una dificultad grande.

Sí, es una dificultad grande, evidentemente. Pero la literatura histórica que existe desde prácticamente el siglo IX, hasta bien entrada la Edad Media y hablo de las crónicas del siglo XIII, del siglo XIV sobre la batalla de Covadonga, evidentemente son referencias que hacen alusión a textos manipulados, a textos falsificados. La falsificación de documentos en la historia de España ha sido una constante muy habitual. Los más evidentes son los documentos de los cartularios, de muchos cartularios de monasterios que lo que hacen es asumir o adjudicarse una serie de propiedades con tipos más falsos de reyes que les han concedido propiedades en campos, en viñas, en rentas y otro tipo de propiedades. Pero hay también muchas crónicas que están falsificadas. Algunas de ellas son falsificaciones a partir de un dominio político determinado como el de Alfonso III. Es una constante en la historia: los reyes y obispos manipulan las crónicas como en tiempos de los Reyes Católicos, que están falsificadas, todo por intereses de asentar el poder absolutamente ilegítimo de Isabel la Católica.

Pero, ¿por qué no existe un historiador español que se haya dedicado a desbancar todas estas falsificaciones que han pervertido la historiografía,como por ejemplo sobre falsificaciones del obispo Pelayo, de Ambrosio Morales y de otros, sobre todo en la construccion historiografica asturiana.

Bueno, porque la historiografía españolista, no española, sino españolista, bebe sus fuentes de una tradición muy conservadora y una tradición basada en un ideal absolutamente inventado, en un ideal patriótico, panespañolista, inventado y construido. Y además porque España ha tenido la mala suerte, vamos a decirlo así, de tener un destino fuera de Europa en el Siglo XX. En España ya no ocurre evidentemente y afortunadamente en los últimos años, desde la democracia, pero en los últimos 200 años, salvando los últimos 40 años de democracia, España solamente ha tenido un régimen extremadamente conservador que ha remitido a sus frentes, y eso se ha traducido de forma directa en la historiografía. No había historiadores de izquierdas en el franquismo. La represalia durante la guerra, ha impedido equilibrar durante digamos la época contemporánea, el punto de vista sobre la historia. Bueno, pues esa es nuestra herencia historiográfica. Después, quizá por comodidad, algunos historiadores contemporáneos, medievalistas me refiero, la han repetido de una forma poco crítica. Pues ahí está la raíz, evidentemente, de nuestro retraso historiográfico.

Es que lo que sorprende es que después de la dictadura, un historiador de la envergadura de Sánchez Albornoz, que era más bien de izquierdas…

¡No, no! Sánchez, perdón, Sánchez Albornoz era de derechas. Era republicano, evidentemente, pero conservador, lo que no tiene nada que ver. Sánchez Albornoz era extremadamente conservador. Eso es lo que explica la continuidad, o sea, la falta de crítica de la historiografía bajo Franco, que era la continuación de la de Isabel la Católica. Sánchez Albornoz, sigue religiosamente la tradición historiográfica conservadora, no hay ruptura ni siquiera nueva corriente: se sigue la línea de Ramón Menéndez Pidal. Sánchez Albornoz asume la veracidad de las fuentes sin poner en marcha una crítica textual de esas fuentes. Las fuentes no se pueden estudiar de forma separada, como si fueran algo aséptico, no, no. Las fuentes, las crónicas del siglo IX, del siglo X, del siglo XV, son fuentes que beben una historiografía

Hablando de las fuentes¿Cuál ha sido tu estrategia o metodología a la hora de contemplar la diversidad de las crónicas que han sido altamente interpoladas y que se contradicen?

Pues, primero, como he dicho antes, los historiadores tenemos que trabajar con las fuentes. Eso es incuestionable.Yo hice, en su momento, ya hace más de 20 años, Arqueología Medieval, y me di cuenta de que a veces los restos arqueológicos contradicen a las fuentes escritas. Las fuentes escritas mienten mucho; es como si comparamos las conclusiones que publica ABC y las de El País; suelen ser opuestas, incluso partiendo de las mismas observaciones. ¡Es que parecen de dos países distintos, de dos gobiernos distintos! Aunque tengamos una gran cantidad de puntos de vista de esta época, no hay posibilidad de contrastar. Lo mismo pasa con la batalla de Covadonga.

Bueno, ¿qué es lo que he hecho yo?:

Primero, analizar todas, insisto, TODAS las fuentes, desde tanto las cristianas, pero al copiarse en el siglo XIV o XV, y a lo mejor, con interpolaciones, con cambios y demás, pues contrastar todo eso, es hacer
un análisis textual, así lo llamamos los historiadores, que casi nadie lo utiliza por cierto, una hermenéutica de los textos. Se están haciendo una cantidad tremenda de excavaciones arqueológicas de época medieval. Por ejemplo, en las excavaciones que se han hecho en esoque se llama las «clausuras», esas fortalezas, esas murallas, esos muros que existen en la Cordillera cantábrica, tanto en la zona de Asturias como en la zona de Cantabria y que algunos han interpretado como muros para detener el avance musulmán, cuando está clarísimo que son muros para detener, para frenar a los visigodos. Por ejemplo, por Cantabria, por Asturias, por vascones que no querían pagar impuestos a los visigodos, como luego se rebelaron contra los musulmanes porque tampoco querían pagar impuestos. Aparte de todas las cuestiones nacionalistas que se han inventado. Por ejemplo, en el País Vasco, como señalo en mi libro «Covadonga, La batalla que nunca fue», es evidente que hasta el siglo VI no hay vascones en el País Vasco actual, fuera de la Navarra Norte. Esas gentes fueron avanzando hacia las tierras más occidentales del actual País Vasco y ahí se establecieron. Bueno, ¿qué han hecho desde la perspectiva panvasquista?, especialmente a fines del siglo XIX y sobre todo en el siglo XX, pues, «vasquizar» un País Vasco que no era vascón, sino que estaba habitados por las tribusprerromanas de autrigones, caristios y várdulos. Cuando los romanos sereferían a cántabros y astures en las crónicas, en las historias escritas por Apiano y por otros historiadores romanos, hay una confusión precisamente entre Cantabria y Asturias. ¿Quiénes son los cántabros y quiénes son los astures? Todavía hay confusión en la Alta Edad Media.

Bueno, la ambigüedad se ha levantado porque ha habido trabajos recientes, sobre todo un historiador que se llama Ángel Ocejo, que ha demostrado que sólo se habla de la Asturia antes de la invasión y que “las Asturias” (al plural) es el término utilizado 150 años después para denominar la suma de los dos: de la Cantabria que no se rinde con La Asturia de Gijón y Astorga arrebatada (o abandonada) a Munuza por los cántabros, porque todo el relato de Pelayo se desarrolla en la Cantabria que se extendía hasta el Río Sella.

Si. Las montañas cantábricas, se confunden con la Cantabria que será un concepto político tribal en la Alta Edad Media. Esa confusión entre geografía e historia y término político se ha repetido tanto que es tremendo. Luego las confusiones que han hecho a partir de ahí, cuando interesa en un momento determinado, pues llamarle Cantabria o Asturias o España a un territorio determinado y confundir, como te he dicho antes, un término geográfico con una adhesión política. Quizá la gente entienda menos lo de Asturias- Cantabria por razones obvias, pero el término Hispania- España está clarísimo. Cuando Fernando el Católico escribe sus titulaciones, lo dice en plural, en latín, Rey de las Españas, Baleares que separa clarísimamente de Hispania, lo cual quiere decir que todavía confunde con la Geografia de España con la política. La España política no existe hasta la Constitución de Cádiz, pero eso es otra Historia.

Volviendo a Cantabria y a las crónicas alfonsinas: el único relato que tenemos de un enfrentamiento bélico es Liébana.

En la famosa retirada de Al Qama, los bereberes llegan del Monte Ansueva, suben por Amuesa y luego bajan hasta Cosgaya, hasta el río Deva donde son aniquilados. Bueno, todo eso es una postal de Liébana. Y entonces a nosotros, los de Liébana, siempre nos ha parecido extraño que nadie se molestara en venir a vernos a estudiar la credibilidad de esta conjetura viniendo a Liébana a ver si funcionaba ese relato. Nosotros en Liébana lo tenemos clarísimo : ese relato no funciona.

Desde Covadonga hay 60 kilómetros para llegar a Liébana por las gargantas del Cares que son prácticamente infranqueables y menuda pésima estrategia militar que ir meterse en aquella ratonera infestada de cristianos. Porque ningún historiador viene a Liébana a ver que eso no ha podido ocurrir así?

Porque los historiadores españoles solemos ser muy acomodaticios. Es decir, cuando se ha construido un relato además ese relato ha cuajado entre la gente. Porque claro, una de las grandes dificultades de la historia de España es que el relato se ha transmitido de una forma absolutamente unidireccional. Y se ha subido de tal manera, no solamente por los, por muchos, no todos, por bastantes historiadores, sino también por lo que llamaríamos las instituciones. Si tú vas, por ejemplo, a Burgos, a León, a las instituciones icónicas de la historia de España, hay cuadros frescos de diputados, pero no solamente de la época y si te fijas son imágenes estereotipadas de la construcción de un relato unidireccional, sin posibilidad de alternativa.
Por ejemplo, sobre el Cid ya dije que no había habido jura de Santa Gadea en Burgos porque no ha podido ocurrir. ¡Casi me tiran al río! ¿Cómo que no ha habido jura de Santa Gadea? Pues muy sencillo, en 1072 no existía la iglesia de Santa Gadea. Bueno, pues esas cosas, claro, al representarlo en imágenes, en películas, en documentales, y no hacer una crítica sino repetir como papagayos lo que dice la propaganda oficial, pues hemos perdido ese espíritu crítico. ¿Qué le vamos a hacer? España es así y la tradición tendrá que ser explicada, evidentemente, pero mira, los historiadores españoles serios, profesionales, académicos, que estén por divulgar la historia en revistas de divulgación o en libros de divulgación, somos, no te exagero nada, media docena.

Pero a que debemos es dificultad, en España, de escribir nuestra historia?

Es que apenas hay historiadores que divulguen, es que no los hay. Somos media docena, yo he escrito muchas novelas históricas, 30 novelas, pero un libro de Historia como “Covadonga, La batalla que nunca fue”, se han vendido apenas 7.000 ejemplares, cualquiera de mis novelas vende 50 o 60.000 ejemplares, la diferencia es brutal. Y eso que ese libro ha sido un éxito, pero claro, se venden pocos ejemplares. Entre 48 millones de españoles, imagínate, esas cantidades de ventas son absolutamente ridículas. Es más, yo cuando voy a algunas ciudades, si voy como historiador, repito, a alguna universidad, a una charla, no aparezco en ningún sitio, pero si voy como novelista, bueno, dedican en el periódico, entrevistas en la televisión, o sea, la diferencia es tan brutal.

¿Qué planes tienes para futuras obras? ¿Vas a seguir escribiendo novelas o libros de historia?

Desde luego, novelas no. Mi última novela, que es la número 30, nada menos, con tantas obras juveniles. Es Herodes el Grande, que salió en octubre o noviembre del año pasado con Antonio Piñero. Esa va a ser, en principio, mi novela número 30 y última. Mi idea es no escribir más novelas: el mercado de la novela histórica está saturado. Hay tanta novela histórica que pasas prácticamente frente a todo lo demás. Lo bueno con lo malo, la historia con la ficción. Me voy a dedicar a terminar libros de Historia sobre temas que tengo pendientes de muchos años atrás, como el Cid: la historia del Cid y el Cid histórico, otra historia donde ha habido muchas falsificaciones!

Muchas gracias Jose Luis

Henry

Enamorado de Liébana y aficionado a la Historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *