Crónica Sebastianense: el documento mas importante de la historia de Liébana

Crónica Sebastianense: el documento mas importante de la historia de Liébana
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Aquí publicamos «in extenso» los párrafos 8, 9 y 10 de la Crónica « AD SEBASTIANUM » que son un testimonio determinante para la historia de Liébana, en la medida que presenta Liébana como escenario de la primera victoria cristiana después de la invasión musulmana del año 711. Esa victoria fue liderada por un cántabro : Pelayo que era hijo del Duque Favila. El Duque Favila era primo segundo de Pedro de Cantabria si nos fiamos de la genealogía lebaniega de Pedro de Cantabria en el Cartulario de Santo Toribio de Liébana. Favila aparece como FAULNE, que es la contracción de FAVILANE, es hijo de OSINA que fundó un Monasterio en la Hermida, Liébana.

La crónica «Sebastianense» se refiere a una versión de la Crónica de Alfonso III que fue revisada y corregida por el obispo Sebastián de Orense (según el medievalista del siglo XIX, Fidel Fita), a quien se le atribuye haber mejorado el estilo, corregido ciertos fragmentos y realizado ajustes ideológicos en el texto original. Según Angel Ocejo Herrero, pudo haber sido completada por Sisnando de Liébana, Obispo de Compostela (Iria) y personaje de más influencia sobre el Rey Alfonso III en el momento de su escritura, para la parte del relato que da muchos detalles sobre Liébana. Sisnando de Liébana fue durante su juventud Prior de Santa Maria de Cosgaya y tuvo acceso a la tradición de Cosgaya, lugar que, como por casualidad, se desarolla el encuentro bélico que encontramos en la Sebastianense. Según Angel Ocejo, este detalle pudo ser muy difícilmente una coincidencia y es un índice fuerte que Sisnando de Liébana pudo redactar él mismo el episodio de Cosgaya, poniendo por escrito lo que le contaron sus abuelos en Liébana, exagerando seguramente una aproximación de los moros en la zona de los Picos de Europa donde los cristianos salieron vivos.


Esta versión Sebastianense se diferencia de otras por su mayor calidad literaria, sus referencias eruditas. Las crónicas árabes obviamente no muestran el mismo lirismo a la hora de acordarse de Pelayo. En una de ellas habla de Pelayo como un rebelde que «salió de la sierra y se hizo dueño del distrito de los Wastures». Ajbar Machmuda se equivoca y atribuye a Pelayo en tiempos de Alfonso I en el año 133 (750). Alfonso es el primero en liberar la Asturia y de restaurar las fronteras del antiguo Ducado de Cantabria. Los montañeses salen a liberar a los astures y no a la inversa como lo presenta la historiografía oficial. En la realidad repiten lo que dicen las crónicas cristianas, porque aquella contienda en aquel valle perdido debió pasar desapercibida para ellos. El Norte de Hispania no les interesaba. También copian la fuente cristiana que les parece la más fiable para la genealogía de Pelayo y por eso nos presentan a Pelayo como hijo de Favila. Pero veamos lo que nos dice la Sebastienense sobre Favila, el padre de Pelayo: 

Pelayo hijo del Duque Favila

Párrafo 8: Más los árabes, dominada la tierra junto con el reino, durante varios años pagaron tributo al rey de Babilonia por medio de sus gobernadores, hasta que eligieron un rey suyo, y en Córdoba, Ciudad Patricia, afianzaron su reino. Más los godos perecieron parte por la espada, parte por hambre. Pero los que quedaron de estirpe regia, algunos de ellos se dirigieron a Francia, pero la mayor parte se metieron en la tierra de los asturienses, y a Pelayo, hijo del antaño duque Favila, de linaje real, lo eligieron por su príncipe. Más cuando los sarracenos supieron del hecho, al momento enviaron a por él a Asturias con un innumerable ejército, por medio del general Alkama, que con Ṭāriq había hecho irrupción en España, y Oppa, obispo metropolitano de la sede Hispalense, hijo del rey Witiza, por cuyo fraude se perdieron los godos.  

Este párrafo 8, la crónica nos desvela la genealogía de Don Pelayo como hijo de Favila, como en todas las fuentes árabes y al contrario de las otras dos versiones cristianas de la crónica que son la Rotense y la Albeldense en la que figuraba Pelayo como «hijo de Bermudo, sobrino del Rey Rodrigo» en una «lista de reyes católicos leoneses» (ITEM NOMINA REGUM CATHOLICORUM LEGIONENSIUM, que empieza por PELAGIUS FILIUS VEREMUNDI). Pero sabemos que estas dos fuentes fueron interpoladas. O bien no se respetó el título original, o bien fue simplemente una «hoja suelta» añadida por razones políticas evidentes.

Titulo de la nota interpolada que contiene la genealogia de Pelayo en la Crónica Albeldense (folio 241R)
Titulo de la nota interpolada que contiene la genealogia de Pelayo en la Crónica Rotense (Folio 240V)

Esta lista de reyes leoneses delata un anacronismo ya que fueron escritas en una época (hacia 883) donde el reino de Leon no existía (empieza a partir de 910). La rotense copia exactamente la rotense en esta lista de reyes leoneses. Fidel Fita data muy precisamente estas cronicas. Dice Fidel: «Impropiamente se llama esta crónica de Albelda, calificando el cuerpo por el apéndice de la obra. El cuerpo, o la crónica propiamente dicha, se terminó en el mes de Noviembre del año 883, cuando no existía el monasterio riojano de aquel nombre, que fundó en 5 de Enero de 924 D. Sancho Garces, rey de Navarra«.

El medievalista Angel Ocejo nos dice «Paradójicamente, en el riojano códice Albeldense (que copia entre otros textos una crónica ovetenses a la que se ha mal llamado crónica Albeldense) se interpola esa nómina de «reyes católicos leoneses». Está colocada, interpolada, diría yo, justo en un folio anterior al del epígrafe de «Reyes godos de Oviedo». Esta lista de reyes es una hoja suelta que fue añadida por los comanditarios de esta edición que ha llegado hasta nosotros y que fueron en 976 los reyes de Pamplona Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández. Urraca estuvo casada con Ordoño III y Ordoño IV que descendien los dos de Alfonso III. Sabe perfectamente que su descendencia reinará en el norte, sea en Pamplona o un Asturias, o en los dos. Los intereses asturleoneses y los pamploneses ESTÁN CONFUNDIDOS, y es importante «blindarlo» con una prueba de la continuidad y legitimidad asociada al tener sangre del último rey godo Rodrigo. Al contrario, en la Sebastianense, la referencia al padre de Pelayo está plenamente integrada al texto, evitando así el fenómeno de «hoja suelta». La sospecha de interpolacion no es tan fuerte, puesto que no se percibe bien cual el interes de relacionar Pelayo el triunfante como hijo de un señor desterrado y asesinado. Veamos el texto original.

Pelayo se enfrenta con Oppa en Auseva, Ducado de Cantabria

Párrafo 9. Y cuando Pelayo supo de su llegada, se refugió en el Monte Auseva (situado en la antigua Cantabria visigoda), en una caverna que se llama Cueva de Santa María (Covadonga no se menciona). E inmediatamente lo rodeó el ejército, y acercándose a él el obispo Oppa le hablaba así diciéndole: «Sé que no se te oculta, hermano, cómo antaño toda España estaba constituida bajo el único reino de los godos, y cómo el ejército de toda España se había congregado a una, y no fue capaz de resistir el embate de los ismaelitas; ¡cuánto menos podrás tú defenderte en ese hueco del monte! Escucha más bien mi consejo, y apea tu ánimo de ese empeño, para que disfrutes de muchos bienes, y en paz con los árabes uses de todo lo que había sido tuyo».

En el párrafo 9 original de la Albeldense presenta de manera guionizada, un dialogo ficticio, entre el Obispo traidor que lidera las fuerzas musulmanas, y su oponente Don Pelayo, justo antes de una batalla. Ya sabemos hoy que esto no ocurrió así, y que probablemente la contienda no llegó ni siquiera a poder ser calificada de «batalla». Pelayo después de llegar al monte Auseva se refugia en la «Cueva Santa Maria» (que muchos asimilan la actual cueva de Covadonga), situada en el antiguo Ducado de Cantabria.

Por cierto, para los que dudan de que Covadonga estuviera situada en la Cantabria Antigua, y eso desde los tiempos romanos aquí le pongo esta interesante estela Cántabra (Vadiniense), encontrada en Covadonga cerca del Monte Auseva, y rescatada del olvido por una publicación de Altamira en 1966. No se sabe el paradero de esta estela a dia de hoy: 

El párrafo 9 sigue con este épico dialogo pre-batalla : A esto dijo Pelayo: «Ni me uniré a las amistades de los árabes ni me someteré a su imperio. Pero, ¿tú no sabes que la Iglesia del Señor se asemeja a la luna, que sufre un eclipse y luego vuelve por un tiempo a su prístina plenitud? Pues confiamos en la misericordia del Señor, que desde este pequeño monte que tú ves se restaure la salvación de España y el ejército del pueblo godo, para que en nosotros se cumplan aquellas palabras proféticas que dice: «Revisaré con la vara sus iniquidades y con el látigo sus pecados, pero mi misericordia no la apartaré de ellos». Por ello, aunque hemos recibido merecidamente una severa sentencia, esperamos que venga su misericordia para la recuperación de la Iglesia y del pueblo y del reino». Entonces, volviéndose el nefando obispo hacia el ejército dijo así: «Aprestaos a luchar, porque, si no es por el castigo de la espada, no tendréis con él acuerdos de paz»

Lirismo puro, para alimentar un heroismo necesario. La realidad fue muy distinta.

La «batalla» termina en Cosgaya

Párrafo 10. Y al momento toman las armas e inician el combate. Se alzan las catapultas, se preparan las hondas, brillan las espadas, se erizan las lanzas, y sin cesar se disparan las flechas. Pero en esto no faltaron las grandezas del Señor. Pues, una vez que las piedras eran lanzadas por los que manejaban las catapultas, y llegaban a la Iglesia de Santa María siempre Virgen, recaían sobre los que las lanzaban, y causaban gran mortandad a los musulmanes. Y como el Señor no cuenta las lanzas, sino que tiende las palmas a quien quiere, una vez que los fieles salieron de la cueva a combatir, los musulmanes se dieron al punto a la fuga y se dividieron en dos grupos. Y allí fue preso al momento el obispo Oppas, y se dio muerte a Alkama. Y en aquel mismo lugar fueron muertos 124.000 musulmanes, y 63.000 que habían quedado subieron a la cima del Monte Auseva, y por el cortado del monte que el pueblo llama Amuesa, descendieron precipitadamente al territorio de la Liébana. Pero ni siquiera esos escaparon a la venganza del Señor: pues, cuando marchaban por la cima del monte, el cual está situado sobre la ribera del río Deva, junto al predio que se llama Cosgaya (Causecadia), ocurrió, por evidente sentencia del Señor, que una parte del mismo monte, revolviéndose desde sus fundamentos, lanzó al río a los 63.000 musulmanes, de modo asombroso, y los sepultó a todos: donde todavía ahora ese río, cuando en tiempo invernal llena su cauce y cubre sus riberas, muestra de manera evidente indicios de armas y huesos de ellos. No juzguéis este milagro vano o fabuloso, antes bien recordad que Él, que anegó en el Mar Rojo a los egipcios que perseguían a Israel, ese mismo sepultó bajo la inmensa mole del monte a estos árabes que perseguían a la Iglesia del Señor.

Aquí vemos que existe una primera fase de combate con un número disparatado de combatientes cerca de una cueva donde Ambrosio Morales reconoce en su «Viaje» en 1572, por orden de Felipe II, que «podían caber, cuando mucho, hasta tresycientos hombres, y esto con harta estrechura». Las Crónicas arabes hablan de un Pelayo «acorralado», no mencionan ninguna batalla…En la Sebastianense existe una segunda fase de desenlace en Liébana en un movimiento estratégico de retirada, que sólo puede ser interpretado como una persecución de un grupo de cristianos por algún destacamento moro que fueron atrapados en el recinto natural de Liébana. La Iglesia de Santa María siempre Virgen de Cosgaya, donde Sisnando fue Prior durante seis años, aparece mencionada también, para que sirva de firma a su contribución a esta Crónica Sebastianense. En esa Iglesia Santa Maria de Cosgaya hubo unas tumbas visigodas, según el lugareño Paquin, que fueron desarticuladas para construir el nuevo cementerio. 

 Tumba visigoda idéntica a las que hubo en Cosgaya hasta principios del Siglo XX. Se reutilizaron las lapidas para el cementerio de Cosgaya

 En la crónica Albendense solo se menciona Liébana también como lugar donde nace el reino y Cangas de Onis situado en el Ducado de Cantabria como lugar donde muere Pelayo: los que del ejército sarraceno escaparon de la espada, fueron por juicio de Dios oprimidos y sepultados por el monte Liébana, y el reino de los astures quedó erigido por la divina Providencia. Murió el referido Pelagio en el lugar de Canicas en la Era 775 (año 737).

Esta resistencia cristiana con desenlace victorioso en Liébana, poco importa la magnitud que tuvo, convierte en Liébana en centro de poder cristiano inviolando durante toda la invasión, con la familia de Pedro de Cantabria a su cabeza: Pelayo, Alfonso y Fruela.

Monchinos con Pelayo
Pelayo en el centro con Alfonso (caballo blanco) y su hermano Fruela, hacia 730 en Liébana

Henry

Mucha inteligencia artificial, y un poco de la natural... Enamorado de Liébana y aficionado a la Historia. Coordinador en La Voz de Liébana

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